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La osteopatía es una disciplina terapéutica que se basa en una visión holística del cuerpo humano, considerándolo como una unidad. Los tratamientos osteopáticos están diseñados para aliviar dolencias a través de la recuperación del equilibrio orgánico general. Aunque muchos conocen a los osteópatas como aquellos que «crujen los huesos» (técnicas con thrust), también empleamos numerosas técnicas y maniobras que no utilizan el thrust.
Creemos que el cuerpo humano es una máquina perfecta, en constante cambio y autorregulación. Los sistemas nervioso, circulatorio y linfático aseguran estos mecanismos de autorregulación y autocuración. Cuando alguno de estos sistemas se ve afectado, pueden surgir patologías o enfermedades.
Con la osteopatía, buscamos facilitar los mecanismos naturales de autorregulación, permitiendo que el cuerpo recupere y normalice sus funciones alteradas, lo que se traduce en una disminución de los síntomas y un reencuentro con el estado de salud.
Usamos nuestras manos para detectar y tratar disfunciones en los tejidos corporales. Nuestro objetivo es facilitar los procesos naturales de recuperación del cuerpo, reduciendo los síntomas y promoviendo la salud.
Aunque a veces usamos técnicas de «crujir huesos», también aplicamos muchas técnicas suaves y no invasivas.
Nuestras vísceras (riñones, intestinos, ovarios, etc.) se mantienen en su sitio dentro de nuestro cuerpo gracias a tejidos como ligamentos, fascias y músculos. Para un buen funcionamiento, necesitan que los vasos sanguíneos les aporten nutrientes y retiren productos de desecho, y que los nervios transmitan las señales adecuadas. Estos tejidos deben estar libres de obstrucciones, compresiones o torsiones para asegurar su correcto funcionamiento, pero esto no siempre es así.
Las vísceras no son estáticas; se ven afectadas por la movilidad visceral, que incluye el movimiento provocado por la respiración y su propio movimiento, la motilidad. Adherencias, cicatrices y tracciones miofasciales pueden alterar el deslizamiento entre los órganos, vasos sanguíneos y nervios, afectando su movilidad y función.
Con la osteopatía visceral, evaluamos y tratamos estas estructuras internas para mejorar la función de las vísceras, eliminando los dolores referidos a nuestros músculos y regiones externas. Un ejemplo conocido es el infarto de miocardio, que puede causar dolor en el hombro y brazo izquierdo, o los dolores menstruales que se refieren a la zona lumbar.
La osteopatía craneal es una especialidad dentro de la osteopatía que se centra en el tratamiento de problemas relacionados con la estructura ósea del cráneo y la mandíbula, el movimiento de las meninges y la circulación sanguínea intracraneal. También aborda el tratamiento de la salida de los nervios craneales a través de los orificios del cráneo y los músculos que se insertan en él.
Las técnicas craneales son especialmente efectivas para tratar cervicalgias repetitivas, cefaleas, migrañas, mareos y vértigos. También son útiles para problemas de oídos como acúfenos o sonidos en los oídos, sinusitis y dolor en la articulación de la mandíbula, incluyendo chasquidos y dolores al masticar. Además, pueden ser beneficiosas para tratar neuralgias del trigémino, parálisis del nervio facial, estrés y trastornos del lenguaje.
Revisar la cabecita de tu bebé con fisioterapia y osteopatía puede tratar y prevenir problemas como asimetrías craneales y faciales, cólicos, inquietud, reflujo, e incluso futuros problemas posturales como la escoliosis. Todo esto, con el objetivo de asegurar la mejor salud posible para nuestros hijos. Aunque sabemos que el parto puede ser “traumático” para la madre, es mucho más traumático para el bebé, ya que su cuerpo debe adaptarse al estrecho canal formado por los huesos de la pelvis materna. Las suturas del cráneo se comprimen, deforman o superponen, y las costillas y pulmones se comprimen, lo que supone un trauma para muchas partes del bebé. Solo el 12% de los recién nacidos presentan un cráneo completamente libre (Viola Freeman).
Los síntomas más comunes que preocupan a los padres y que pueden alertar de la necesidad de visitar al osteópata son:
Inquietud en el sueño
Cólicos del lactante
Llanto repetitivo y excesivo
Tripa hinchada y dura
Regurgitaciones excesivas
Movimientos raros y llanto tras las tomas
Zonas planas en la cabecita
Que el niño mire siempre hacia el mismo lado
Rechazo a la comida, problemas de succión
Tortícolis congénita
Otitis, obstrucción del conducto lacrimal
Bronquitis y/o asma
Trastornos del sueño, prevención de problemas de aprendizaje.